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TERROR A LA MEXICANA, DE LO SUBLIME A LO RIDÍCULO

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TERROR A LA MEXICANA, DE LO SUBLIME A LO RIDÍCULO

TERROR A LA MEXICANA, DE LO SUBLIME A LO RIDÍCULO

Por Héctor Trejo S.

Hablar del cine de terror mexicano es referirse a toda la gama de posibilidades narrativas a lo largo de la historia del séptimo arte nacional, es referirse a grandes directores, algunos de los cuales son considerados como de culto en México y en otras partes del mundo, es explorar el mundo de miedo en el celuloide… pero también es internarse en historias inverosímiles, algunas de ellas llenas de personajes ridículos y escenarios infantilizados, es llegar contemplar largometrajes fabulosos o caer en verdaderos bodrios cinematográficos, que más que temblar, hacen reír.

Hablar del cine de terror mexicano es mirar atrás y percatarse de que existe una gran historia del género en nuestro país, es observar entes incorpóreos, seres horripilantes, cazadores de lo inesperado, artefactos de otras épocas… aunque también es mirar monstruos que parecieran haber salido de una taller de cartonería infantil o de algún mal dibujo de alguien que no desea propiciarle terror a nadie.

Pero ¿qué es el cine de terror?

“El término terror (…) hace referencia a una sensación extrema, casi hasta el punto de la repulsión y el asco, provocada por algo espantoso”, de tal manera que la percepción de elementos desconocidos, distantes de realidad o simplemente nauseabundos, forman parte de la estructura de las cintas de terror.

Pudiera parecer que el cine de terror en México proviene de los años sesenta, sin embargo, unas décadas antes ya se había realizado la primera cinta al respecto, “La Llorona, una versión moderna de la popular leyenda”, que data de 1933, cinta dirigida por el cubano Ramón Peón.

“Es una cinta pionera del género, inspirada en una leyenda local”[1], que fuera protagonizada por Ramón Pereda, Virginia Zurí, Carlos Orellana, Adriana Lamar y Alberto Martí, cuya fotografía y edición corrió a cargo de Guillermo Baqueriza.

La particularidad con este filme es que, más allá de los detalles sobrenaturales como el desprendimiento del alma de La Llorona, la cinta gira en un tono de remordimientos por situaciones morales, nostalgia y emotividad, muy en congruencia con el género dramático.

De ese año para acá, existe una gran lista de cintas que van de lo sublime a lo ridículo, consideradas todas en el género de terror, algunas de ellas navegando en el mar de la comedia involuntaria, pero con el poder de los medios tradicionales detrás, como a continuación lo evidenciaremos.

Un director que también aportó su granito de arena al género de terror mexicano fue Chano Urueta, cuyas tablas en la dirección le permitieron aportarle a su cinta “Profanación” (1933), los detalles de profesionalismo y pericia que se requieren para funcionar en cartelera.

Al más puro estilo de “Cronos” (Guillermo del Toro, 1992), el filme narra la tempestad que trae consigo una joya maldita, que data de la época prehispánica, vendida por un anticuario. Julio regala el collar a su esposa, pero la joya provoca que ella y su cuñado se enamoren.

“El fantasma del convento” (1934), cinta dirigida por Fernando de Fuentes, que justo un año antes había dirigido uno de los largometrajes más exitosos de su prolífica carrera, “El compadre Mendoza”. La película de terror fue filmada en locación en el convento de Tepoztlán “pese a una atmósfera inquietante que pocas veces se volvería a conseguir en el cine nacional de horror”[2], según Jaime García Estrada en su libro Dirección artística.

El argumento, interesante por sobremanera, escrito por el propio Fernando de Fuentes, nos habla de tres exploradores sufren un accidente y se encuentran perdidos en la noche, un sujeto misterioso y su perro les señala que pueden refugiarse en un monasterio cercano donde viven monjes de la Orden del Silencio. Ahí los visitantes son conducidos a sus respectivas celdas para que pasen la noche. Eduardo, Cristina y Alonso viven un triángulo amoroso, motivo por el cual conocen al fantasma de un monje que vendió su alma al diablo por amor. Al amanecer, se dan cuenta de que los monjes que los recibieron están muertos y que han vivido una experiencia sobrenatural.

El filme es una delicia, si consideramos que los papeles principales fueron bien materializados por Carlos Villatoro, Enrique del Campo y Marta Roel, cuyo trabajo histriónico es digno de seguimiento.

Juan Bustillo Oro, se vuelve un director recurrente en el cine de terror mexicano de la Época de Oro, pues comienza con un filme frío y lúgubre, con muchos elementos del Expresionismo alemán llamado, “Dos monjes”, de 1934, en el cual nos habla de un monasterio del siglo XIX, dos monjes que inician una pelea y cada cual da su versión del conflicto, en donde solo hay en común, la mención de una mujer de la que ambos están enamorados.

Al año siguiente, el propio Bustillo Oro dirige “El misterio del rostro pálido” (1935), que narra la historia de un científico que busca la cura para una enfermedad extraña y, durante ese proceso mata a muchas personas al experimentar en ellas. Después de ocho años de su retiro, el científico vuelve con una rara mujer que se caracteriza por tener un color extremadamente pálido en el rostro.

El filme, protagonizado por Carlos Villarías, Beatriz Ramos y Natalia Ortiz, sirve a los intereses del director, más en el plano estético que en el narrativo, pues sigue experimentando con elementos del expresionismo en su ambientación, el cual perfeccionaría todavía más en “Nostradamus”, pero hasta 1937.

En 1936, llega a la pantalla grande “El baúl macabro” (1936) dirigida por Miguel Zacarías. Con un argumento un tanto gastado, la cinta retrata las actividades de un médico loco llamado Maximiliano Renán, quien rapta mujeres del hospital y las descuartiza para intentar salvar a su mujer de una extraña enfermedad. El doctor del Valle compañero suyo del hospital, entiende que el descuartizador trabaja con ellos, pero él es el principal sospechoso para la policía.

Mauricio Magdaleno, aparece también como director mexicano de terror con “La herencia de la llorona” de 1947, película nos cuenta el retorno del extranjero de un joven, luego de años se ausencia a la hacienda de la familia. Las intenciones del joven y su acompañante son apoderarse de la propiedad, aunque una fantasma llamado La llorona, comienza a reaparecer en la embrujada hacienda.

El largometraje fue protagonizado por Paquita de Ronda, Juan José Martínez Casado, Tito Novaro y Agustín Isunza, aunque para el crítico Jorge Ayala Blanco fue una cinta decepcionante:

“En La herencia de la Llorona, cuarta y última incursión fallida como cineautor total del notable narrador-guionista-funcionario zacatecano posvasconcelista Mauricio Magdaleno (1946)”[3].

De Chano Urueta, que como hemos notado es uno de los más prolíficos directores de cine de terror, que incluso creó cintas híbridas entre comedia, drama y terror ligero, tenemos de herencia también, “La Bruja” (1954).

Este largometraje nos habla del doctor Boerner, quien ha descubierto una fórmula, pero no se la quiere vender a la poderosa empresa Schneider. En venganza asesinan a su hija y el doctor jura vengarse, por lo que recurre a ‘La Bruja’, una mujer misteriosa.

La cinta “El Vampiro”, dirigida por Fernando Méndez, que en 1957 retomara el género de terror, está basada en el acomodado (o retorcido) relato de la novela “Drácula” del irlandés Bram Stoker. El filme, fue protagonizado por el gran Germán Robles como el conde Karol de Lavud o Duval el vampiro; Abel Salazar como Enrique; Ariadne Welter como Marta González; Carmen Montejo como Eloísa y José Luis Jiménez como don Emilio.

Según la crítica especializada de la época, parte del contundente éxito que tuvo el filme, se debió en gran medida al trabajo histriónico de Germán Robles, personaje que sin lugar a dudas marcó su vida artística. A este le seguiría su secuela El ataúd del vampiro (1957) y Misterios de ultratumba (1959).

Benito Alazraki, también incursionó en el género de terror, después de haber tenido el éxito arrollador con “Raíces” (1955), ofrece una visión innovadora sobre el ritual vudú, cuando nos cuenta que cuatro hombres fueron malditos por un sacerdote de estas creencias por robar un ídolo sagrado de su templo. El conflicto desemboca en muerte y dolor. El filme fue titulado como “Muñecos infernales” y se estrenó en 1961.

“Rostro infernal” (1962), de Alfredo Bolongaro Crevenna, es la cinta que continúa en este conteo del terror mexicano, el filme protagonizado por Eric del Castillo, Rosa Carmina y Jaime Fernández, narra una historia, en la que podemos identificar un antecedente de los zombies. Se trata del conde Brankovan, quien cuatrocientos años atrás robó a Paracelso la fórmula para seguir viviendo, aunque para ello debe chupar el cerebro de los seres humanos, quienes quedan materialmente como zombies, a quienes llama homúnculos. El problema es que no puede asesinar, pues tiene el rostro desfigurado y se ayuda de sus descerebrados seguidores para obtener víctimas.

Ese mismo año, Chano Urueta regresa a la escena cinematográfica nacional con otra cinta del género, se trata de “El Barón del Terror” (1962), protagonizada por Abel Salazar interpretando al barón Vitelius d´Estera, Rubén Rojo como Marcos Miranda, Rosa María Gallardo como Victoria Contreras y David Silva como el inspector de policía, compartiendo créditos con el fantástico Germán Robles en el papel de Sebastián de Pantoja.

El argumento nos narra como el barón Vitelius d´Estera, es condenado por la Santa Inquisición a la hoguera. Mientras es quemado vivo, advierte que regresará para vengarse de los inquisidores, a través de sus descendientes.

“Vitelius d´Estera, el esperpento que se ocultaba bajo la facha de un noble caballero (…) quien revienta a sus víctimas, extrayéndoles la masa encefálica con una lengüeta, que le sirve como un popote asesino, en esta suerte de adelanto del cine gore –obras en donde la sangre y otros fluidos corporales son los protagonistas del relato-, inaugurado en esa época por los cineastas Alfred Hitchcock con Psicosis y Herschell Gordon Lewis, autor de Dos mil maniacos y Festín de sangre[4]”.

En 1963, regresa el propio Urueta con “La cabeza viviente”, estelarizada por Mauricio Garcés, Ana Luisa Peluffo, Abel Salazar, Germán Robles y Guillermo Cramer.

El siguiente filme es “Hasta el viento tiene miedo” (1967-1968), dirigida por Carlos Enrique Taboada y protagonizada por Marga López (Bernarda), Maricruz Olivier (Lucía), Alicia Bonet (Claudia) y Norma Lazareno (Kitty). El argumento nos narra la aparición del fantasma de Andrea, una alumna que se suicidó cinco años atrás en un colegio de señoritas. El ente termina por posesionarse del cuerpo de Claudia, una de las alumnas, con el fin de tomar venganza contra de Bernarda, la directora del colegio.

La versión de Taboada dejó un fantástico sabor de boca durante muchos años, al grado de que existió un remake en 2007, dirigido por Gustavo Moheno. Esta nueva interpretación, si bien más estilizada, no contaba con la frescura de la primera entrega. Esta vez, los papeles protagónicos corrieron a cargo de Martha Higareda, Danny Perea, Monica Dionne y María Fernanda Malo.

Tanto le funcionó a Taboada “Hasta el viento tiene miedo”, que retomó la fórmula visual para escribir y dirigir “El libro de piedra”, cinta que llegó a la cartelera mexicana en 1968. Marga López, Joaquín Cordero y Norma Lazareno dejan un tremendo legado histriónico en la pantalla grande con su trabajo en el filme.

Una buena reseña es la que nos ofrece Ramiro Chávez en su libro 28 lecciones de vida (que aprendí en el cine). Según el escritor, todo comienza cuando se contrata a una institutriz “para cuidar a la niña Silvia, que vive sola con su padre tras la muerte de su madre. De carácter solitario, Silvia asegura jugar y convivir con su amigo Hugo, una peculiar estatua de piedra que se encuentra en el jardín de la mansión. Pronto comienzan a ocurrir situaciones extrañas ligadas a la obsesión de dicha amistad, lo suyo una complicidad diabólica”[5].

Luego de siete años de ausentarse del género de terror, Carlos Enrique Taboada regresa con “Más negro que la noche” (1975), filme en el que además del buen argumento, del cual hablaremos más adelante, la selección de las actrices le permitió posicionar al filme entre los más vistos de la época. Por mencionar solo a algunas de las actrices, en este largometraje contó con la participación de Claudia Islas, Susana Dosamantes, Helena Rojo y Lucía Méndez, en un momento destacado de sus carreras, situación que además les permitió volver a despegar en el plano artístico.

La cinta nos cuenta como, al morir la tía Susana, su sobrina Ofelia (Claudia Islas) se convierte en heredera de la vieja casa con la condición de cuidar a Becker un gato negro mascota de la occisa; Ofelia se muda a la casa junto a sus amigas Aurora (Susana Dosamantes), Pilar (Helena Rojo) y Marta (Lucía Méndez). Luego de varias situaciones extrañas, Becker aparece misteriosamente muerto en el sótano y se detonan una serie de irregularidades sobrenaturales en la casa.

Juan López Moctezuma, colaborador habitual del gran Alejandro Jodorowsky, lleva a la pantalla grande la cinta “Alucarda, la hija de las tinieblas” (1978), con una notoria carga sexual, muy al estilo de los trabajos de su mentor. El filme es la historia de Justine (nombre, de una de las obras más famosas del Marqués de Sade), quien vive en un monasterio y recibirá la influencia terrible de la bruja Alucarda.

Considerado por algunos como de culto, este largometraje “nos introduce de lleno al mundo onírico y lésbico, vampírico y gótico propio de (…) una pesadilla angustiosa, con ecos de Jodorowsky, Sade y Le Fanu, y con una atmósfera inquietante y morbosa, tremendamente impactante”[6].

A pesar de que en su momento no recibió la bienvenida que se esperaba, con el paso del tiempo se le fue tomando aprecio, sobre todo por los comentarios favorables de directores y escritores, quienes la han considerado como una obra digna.

“La tía Alejandra” (1979), dirigida por Arturo Ripstein, que tiene entre sus grandes logros el Ariel a Mejor Argumento Original, plasmado en el guion de Delfina Careaga y Sabina Berman, nos narra la historia de una anciana llamada Alejandra, quien por obra del destino tiene que ir a vivir con sus parientes, donde es molestada por los niños de la casa, quienes luego de un tiempo se percatan de que es una bruja y se vengará de ellos. La cinta fue protagonizada por Isabela Corona, Diana Bracho, Manuel Ojeda y María Rebeca.

En 1985, algunos filmes de género comenzaron a tener cierta laxidad, hubo quien consideró a estas películas como las de terror a la mexicana.  “Cementerio del terror” dirigida por Rubén Galindo Jr., es una de esas cintas, que con el presupuesto que tenían decidieron capturar en la lente monstruos de corte cómico, sin quererlo, haciendo una caricatura de presunto cine gore de su largometraje.

La historia es en todos los sentidos inverosímil, pues nos cuenta como un asesino sanguinario es masacrado por la policía luego de cometer el que parece es su último crimen, por lo que es sepultado. En una cabaña siniestra cercana al cementerio donde yacen los restos del asesino, un grupo de jóvenes organiza una fiesta y encuentra un extraño libro con raras referencias al demonio, y deciden leerlo e intentar resucitar a un cuerpo, que curiosamente es el del asesino. Vuelven a la vida a Devlon y los masacra, aunque un grupo de niños que jugaban en el panteón, luego de pedir dulces, salva la noche quemando el libro y supuestamente matando al asesino y los zombies que sus poderes trajeron a la vida.

Sin embargo, existen defensores que le dan una palmadita en la espada a esta cinta, tal como lo hace la Revista Cinefagia:

“…no es de extrañarse, si nos atenemos a que lamentablemente, al igual que otras muchas tendencias de hacer (y vender) cine, el gore llegó tarde a la cinematografía mexicana y, desgraciadamente, pasó tal y como llegó, sin hacer mayor ruido ni alarde de proezas. Pocos fueron los esfuerzos de los directores de cine mexicano por cultivar un género tan en boga en cinematografías como la estadounidense o la italiana, puntas de lanza en lo que cine sangriento se refiere y que regarían con sangre las semillas esparcidas en cinematografías como la alemana y española, principalmente”[7].

Una coproducción México-Estados Unidos fue “Don´t Panic (Dimensiones ocultas), realizada en 1988, escrita y dirigida por el propio Rubén Galindo Jr., de la cual se dice que utilizó un estilo muy estadounidense en cuanto a la estética visual, aunque en realidad no pasó mucho con ella. El filme fue interpretado por Jon Michael Bischof, Gabriela Hassel y Helena Rojo, nos narra los fatídicos hechos, suscitados por el regalo de una tabla de ouija al joven Maicon en su cumpleaños, situación que desata una serie de asesinatos y complicaciones.

Un año más tarde, en 1989 aparece en cartelera, una cinta de terror mexicana que pasó a la historia por su ineficacia argumental, fotográfica, histriónica, patético diseño de imagen, pero sobre todo por los terribles efectos especiales… me refiero justamente a “Vacaciones del terror”, aquella cinta dirigida por René Cardona III.

Y es que la base del argumento tiene mucho sentido, se trata de la herencia en forma de hechizo que deja una bruja llevada a hoguera en una pequeña muñeca. Años más tarde el maléfico juguete sataniza a los nuevos propietarios de una casa vieja y destrozada, encabezados por el héroe, Pedrito Fernández y su novia Gabriela Hassel, acompañados de Nuria Bages y Julio Alemán, además de sus pequeños hijos.

El problema del filme recae en las formas de realización, pues le dan mayor peso a los hechos generales que a los detalles de diseño de imagen, de efectos y aunque parezca absurdo, a la actuación, que pasa sin pena ni gloria, haciendo reír involuntariamente al espectador, en vez de asustarlo, objetivo primordial de una película de terror.

A pesar de su mala calidad, el filme consiguió posicionarse algunas semanas en taquilla, muy probablemente por la campaña publicitaria que tuvo detrás, que le permitió llevar al público a las salas, sin saber lo que verdaderamente presenciaría en pantalla.

Ese mismo año el propio Pedrito Fernández protagoniza otra cinta de terror de pésima calidad, producida por Casa Blanca Producciones, llamada “Pánico en la montaña”, en la cual comparte créditos con Adalberto Martínez ‘Resortes’, María Rebeca, Jorge Reynoso y Alfredo Gutiérrez.

Dirigida por Pedro Galindo III y con guión de Carlos Valdemar y Santiago Galindo, la historia no deja muy claro si se trata de una cinta de horror o una parodia de terror, sin embargo, narra el momento en que miembros del sindicato de busca tesoros, Beto, sobrino de Pedro y una chica de la región, emprenden la aventura de localizar un tesoro en una mina que dicen los lugareños que esta maldita.

El fantasma, una especie de ermitaño con las uñas largas y maltratadas, un abrigo de piel desgarrado, más allá de propiciar horror genera risa y en determinado momento provoca hastío, que hace caer hasta el fondo a la predecible historia.

“Trampa infernal” de 1990, dirigida por Pedro Galindo III, es otra muestra del cine de terror mexicano que llegó a la pantalla grande al comienzo de la década de los noventa. Intentando emular las cintas del cazador que termina cazado, el filme se enfoca en un grupo de jóvenes salen al bosque a cazar un oso y terminan siendo perseguido y acechados enmascarado demente. Se trata de un veterano de Vietnam que ha perdido la razón y busca saciar su sed de sangre.

No se puede evitar la notoria evocación a la legendaria cinta “Viernes 13” de 1980, dirigida por Sean Cunningham. El largometraje mexicano fue protagonizado por Pedro Fernández, quien será uno de los actores favoritos para los directores de terror mal logrado de nuestro país, acompañado de Edith González, Toño Mauri, Charly Valentino y Marisol Santacruz.

En la línea de largometrajes de terror protagonizados por Pedrito Fernández, toca el turno de hablar de “Vacaciones de terror 2” (1991), que sí, a quienes les tocó ver la primera entrega de esta cinta, dirán que una segunda parte era un exceso, son embargo, para Rene Cardona III, director de la misma, representó un mayor posicionamiento en esa insipiente etapa del género del terror mexicano.

Además del cantante, Tatiana (también cantante), junto con Luis Camarena, Joaquín Cordero y Renata del Río, formaron parte del elenco de esta cinta que deja las mismas dudas sobre reír o llorar que nos dejan los otros filmes del género protagonizados por Fernández.

Para 1993 aparece otra cinta llena de errores argumentales y que no provoca ni un poquito de espanto en el espectador, por el contrario, pareciera ser una comedia involuntaria, me refiero a “Herencia diabólica”, dirigida por Alfredo Salazar y protagonizada, nada menos que por Lorena Herrera y Margarito Esparza, el mismo que se podía encontrar cantando en las estaciones del metro o en los camiones de la Ciudad de México.

El filme narra la horrorífica posesión del payasito que un niño usa para dormir, quien se convierte en el monstruo más temido de la pantalla grande (ironía total), hasta que las fuerzas del bien lo detienen. En suma es una cinta muy mala.

Ese mismo año, aparece el gran Guillermo del Toro con su ópera prima “Cronos”, también conocida como “La invención de Cronos”, que por sus características narrativas ingresa en este recuento de cine de terror, aunque como todos sus filmes raya en el plano de la fantasía.

El largometraje de Del Toro, producido por Bertha Navarro, narra como un artefacto de 1535, creado por un alquimista medieval, en cuyo interior se encuentra instalado un insecto, que se alimenta de sangre y tiene el poder de ofrecer la eterna juventud. Un anticuario, Ángel, quien se encuentra enfermo, se entera de los poderes del mismo y hace hasta lo imposible para conseguirlo.

Protagonizada por Federico Luppi, Ron Perlman, Claudio Brook y Margarita Isabel, “Cronos” hace alusión al mito del vampirismo, aunque “los vampiros en Cronos no alcanzan la inmortalidad a través de pacto alguno con el diablo, sino a través de la combinación de ciencia y técnica (…) para perpetuar su existencia, el vampiro de Del Toro requiere de un artefacto mecánico de sofisticada y compleja ingeniería que alberga en su interior a un insecto, el artefacto de Cronos que da título al film”[8].

Ocho años después, regresa Guillermo del Toro al género que tanto le llena con la con la cinta, coproducción España-México llamada, “El espinazo del diablo” (2001), la cual lo consolida como uno de los genios cinematográficos mexicanos del terror y la fantasía.

La fascinación de Del Toro por la Guerra Civil Española le da contexto a la historia, donde Carlos, un niño de 12 años, es abandonado por su tutor en el orfanato de Santa Lucía, una construcción imponente aislada de todo, a la mitad de un páramo desolado. El colegio esconde extrañas relaciones entre Carmen (la directora), Casares (un maduro profesor), Jacinto (el agresivo portero) y Conchita (una joven maestra).

Un severo conflicto entre dos integrantes del colegio, Carlos y Jaime, abren la puerta para que se vaya develando el terrible secreto que guarda el lugar: un fantasma impresionante.

Como en “Cronos”, el cineasta mexicano recurre a un Federico Luppi en plenitud actoral para interpretar al complejo Casares, así como a Marisa Paredes (Carmen), Eduardo Noriega (Jacinto), Irene Visedo (Conchita) y Fernando Tielve (Carlos).

“El espinazo del diablo es una película excéntrica y atmosférica, un film construido con delicadeza y conocimiento riguroso del lenguaje cinematográfico”[9].

La cinta “Las lloronas” (2004) que narra la maldición que reciben tres generaciones de una familia, motivo por el cual, sus descendientes varones están destinados a morir jóvenes y de forma trágica, dejando a las mujeres en pena por siempre.

El interesante argumento se va a la basura cuando detectamos que su directora, Lorena Villareal nos cuenta la historia, cual si fuera telenovela.

El filme es protagonizado por Miguel Rodarte, Francisco Gattorno, Tina Romero y Rosa María Bianchi.

En 2007 sale a la luz “Kilómetro 31”, “una película dirigida por Rigoberto Castañeda, y protagonizada por Adriá Collado, Carlos Aragón e Iliana Fox. La cinta hace una retrospección al mito de la llorona, usando elementos y locaciones actuales para contar la historia (…) ubicándola geográficamente en la Ciudad de México”[10] y algunas zonas cercanas.

El mismo año, se estrena la cinta “Cañitas” (2007), basada en el libro homónimo de Carlos Trejo presentado en el año 2000. El largometraje fue una especie de videohome dirigido por Julio César Estrada que protagonizaron Armando Hernández, Mariana Ávila, Francesca Guillén y Juan Pablo Medina.

Por curioso que parezca, el filme tuvo arrastre en las marquesinas mexicanas.
Sin contar con grandes efectos o la mejor de las narrativas, sin tener una gran estética visual, la cinta funcionó, muy probablemente por el número de seguidores que el libro había recabado a lo largo de 7 años de existencia.

“Somos lo que hay”, ópera prima de Jorge Michel Grau, egresado del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), llega a la pantalla grande en 2010, luego de una campaña boca a boca muy efectiva, que consolidó el gran resultado en pantalla.

Un largometraje atípico por su temática y narrativa, pero que resultó un deleite para la crítica cinematográfica especializada. El filme nos narra la historia de una familia de caníbales urbanos, cuando pierden al patriarca y líder cazador.

Al platicar con el cineasta en la presentación de su película en el Festival Internacional de Cine de Morelia en 2010, comentaba que:

“la película trata sobre la desintegración de una familia a raíz de la pérdida de su padre, la familia profesa un dogma de fe que es un rito caníbal y cuando muere el padre, muere también el proveedor de ese rito (…) el conflicto de la familia es sobrevivir el duelo, además de ver quien será el líder y continuar con este rito”.

El director mexicano aclaraba que en su ópera prima “hay un par de comentarios sociales, tiene además una carga sexual fuerte, hay sutilezas de incestos”, además de que el motivo de situar la película en la Ciudad de México y en particular en la CTM Culhucán es porque le interesaba está geografía “de una colonia donde uno es completamente anónimo y de repente desaparece en estas construcciones de cientos y cientos de casas, donde uno puede hacer lo que quiera y nadie se entera”.

“Ahí va el diablo” (2012), dirigida por Adrián García Bogliano, la cinta nos narra la historia de una familia que sale unos días a la periferia de Tijuana, pero tiene que detenerse para cargar gasolina en la carretera, en un santiamén desaparecen sus niños, que vuelven al siguiente día, aparentemente sin ningún rasguño. Cuando ya se encuentran en casa, la madre de los menores se da cuenta de a poco, que los chicos tuvieron un cambio en un tono monstruoso.

El filme fue protagonizado por Francisco Barreiro, Laura Caro, Michele García, Alan Martínez, Giancarlo Ruiz y Michele Estrada.

En 2014 llega a la cartelera mexicana “Los visitantes”, que habla del encanto o hechizo de vieja caja de muñecas, acaba con el escepticismo de la Dra. Ana Moreno (Kate del Castillo) quien vive feliz con su familia. Ana se ve obligada a creer en espíritus para salvar a su familia de la maldición que el artefacto contiene.

Además del papel protagónico interpretado por Kate del Castillo, en el filme intervienen Raúl Méndez, Aurora Papile, Angelina Peláez, Hugo Stiglitz y Pilar Pellicer.

La segunda entrega de “Kilómetro 31” (2016), secuela de la entrega de 2006, también dirigida por Rigoberto Castañeda, fue protagonizada por Carlos Aragón, Iliana Fox, Adria Collado, Verónica Merchant, Mauricio García Lozano, Matías del Castillo e Ítalo Londeros.

La historia se centra en desapariciones de niños en Mixcoac y Churubusco, Ciudad de México, que son investigados por el oficial Martín Ugalde (Carlos Aragón), que tienen una clara relación con el espíritu que aparece en el Kilómetro 31.

La última cinta de este recuento la dirige Emilio Portes, el mismo de “Pastorela” (2011), quien regresa con su protagonista de cabecera, Joaquín Cosío, así como Tobin Bell, Giovanna Zacarías, para presentar “Belzebuth” (2017).

La cinta se centrará en un sacerdote excomulgado por el Vaticano para combatir el incremento de casos de posesiones que comenzó en 2010, cuando El Vaticano ordenó que las investigaciones fueran hechas por sacerdotes con experiencia en demonología. Una característica distintiva de esta cinta es que fue grabada en español e inglés y se ha filmó en Baja California.

Para finalizar, es preciso considerar que en este recuento, se dejaron de lado cintas de diferentes años, que no cumplen con las características necesarias para identificarlas en el género de terror, tales como “La casa del terror” de 1960 con el gran Germán Valdez “TinTan”, en 1962 “Las momias de Guanajuato” con Santo, el enmascarado de plata, en 1967, “El camino de los espantos” con Viruta y Capulina, entre otras, que tienes más características de comedia, ciencia ficción o luchadores.

 

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