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El cine que quizás no conoces: La Vida de Brian

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El cine que quizás no conoces: La Vida de Brian

El cine que quizás no conoces: La Vida de Brian

¿Ya la viste? Sabemos que no.

Hace unos meses, cuando los bandos polarizados de opinión en el caso del diario francés Charlie Hebdo se movilizan respecto a si los editores de la publicación merecían ser recordados como mártires de la libertad de prensa o como provocadores que patearon gratuitamente al avispero, me preguntaba qué tan conscientes serían tanto quienes los condenaban como quienes los defendían del verdadero significado de la palabra “sátira”. A diferencia de lo que muchos suponen, va  mucho más allá de la mera parodia o la comedia. De acuerdo con el Diccionario Enciclopédico Larousse, se entiende como una “composición escrita para censurar acremente o poner en ridículo a personas o cosas”. El “ridículo” es palabra clave. Representa la exageración grotesca en rasgos de la figura satirizada con el propósito de minar su credibilidad para desenmascarar sus incongruencias e injusticias. Con cada carcajada el público aprende a tomarla menos en serio hasta despojarla de su poder. No busca ser crítica constructiva, sino una cachetada al rostro. Y como toda cachetada, duele. En vista de los acontecimientos, muchos comenzaron a plantear que tal vez hay un punto en el que la cachetada puede doler demasiado. Lo que me lleva a preguntarme también si una película como La Vida de Brian (Monty Python´s Life Of Brian) podría realizarse actualmente.

Escrita y protagonizada en 1979 por el repertorio cómico Monty Python (John Cleese, Graham Chapman, Terry Jones, Michael Palin, Eric Idle y Terry Gilliam), sacudió en su momento el tapete a católicos, cristianos, evangélicos, judíos ortodoxos y otras denominaciones que se pusieron en fila para protestar a los cuatro vientos lo insolente e irreverente que era. ¿El pecado? Caricaturizar a Jesucristo y a sus enseñanzas. O al menos eso oyeron, considerando que muchos ni se molestaron en verla. Para ser honestos, Jesús sí aparece en el filme.  En la primera escena, por menos de un minuto y pregonando su sermón en un tono tan serio como cualquier otro retrato suyo en la pantalla. Después de todo, esta no es su historia sino de Brian Cohen (Chapman), muchacho judío nacido en el mismo día, hora y calle que el Mesías, y que subsecuentemente es confundido con él en una jocosa serie de malentendidos que ponen en evidencia las monumentales metidas de pata a las que un creyente puede incurrir cuando tiene más fe que cerebro. Sin embargo, aun dejando en claro que sus burlas eran dirigidas hacía los peligrosos excesos de un sistema de creencias y no hacía la creencia misma, la animadversión llegó a ser tal que los Python redactaron sus respectivos testamentos en caso de que estallasen actos de violencia contra sus personas.

No conozco las caricaturas de Charlie Hebdo. Quizás si consisten en vulgaridades carentes de comentario social, como sus detractores señalan. Quizás cruzaron el límite, pero, ¿cómo saber donde está dicho límite si no es, efectivamente, cruzándolo? La Vida de Brian tuvo el valor de cruzarlo en su tiempo por las razones correctas.  Fue “ofensiva” ante lo que merecía ser ofendido. Y si ha de existir un parámetro para determinar con qué tanta irreverencia dotar a una sátira, espero que sea ese.  No importa que tan fuerte sea la cachetada,  mientras no deje de serlo.

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