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El cine que quizás no conoces: Dr. Insólito

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El cine que quizás no conoces: Dr. Insólito

El cine que quizás no conoces: Dr. Insólito

Insólito sería que la hayas visto.

“DR. INSOLITO o Cómo aprendí a dejar de preocuparme y comencé a amar la bomba” (DR. STRANGELOVE OR HOW I LEARNED TO STOP WORRYING AND LOVE THE BOMB)-1964

Stanley Kubrick estaba consciente de nuestra facilidad para la autodestrucción. El director neoyorkino radicado en Inglaterra nunca fue un partidario entusiasta del ser humano. Una vez mencionó que la desaparición del planeta no tendría significado alguno en una escala cósmica. El hecho de que la fe ciega en la tecnología y el culto a la guerra ocuparan un lugar preponderante en su obra da la abrumadora impresión de confirmar lo que él sentía respecto a su especie: vivimos para matar y conquistar en un universo que seguirá girando sin importar que formemos parte de él o no. Muchos de sus personajes terminan como arquitectos de su fatídico destino. No es coincidencia que James Mason este condenado desde que come por primera vez con los ojos a Sue Lyon en “Lolita” (1962). Tampoco que el computador Hal 9000 evolucione al grado de desarrollar la cualidad de sospecha y eventual traición contra sus creadores en “2001: Odisea del Espacio” (1968).  Mucho menos que “Dr. Insólito o Cómo aprendí a dejar de preocuparme y comencé a amar la bomba” (1964) nos haga posible atestiguar el espectáculo de un mundo hecho añicos gracias al dinero, tiempo y energía invertidos en la fabricación de armas nucleares.

Tal vez Kubrick no lo intuyó en su momento, pero con esta película había creado una profecía que en varias ocasiones ha estado a pasos de cumplirse. Si la longevidad hubiese sido más generosa con él, de seguro habría quedado boquiabierto (por no decir asqueado) tras ver al general Jack Ripper de su legendaria cinta simbólicamente materializado en la figura de George W. Bush hace algunos años.  ¿O acaso es menos ridículo un presidente fanático que bombardea un país para quedarse con yacimientos petroleros que un militar paranoico enviando aviones caza a la unión soviética para evitar que los comunistas se apoderen de “sus preciados líquidos corporales”? “Dr. Insólito” constituye una espeluznante radiografía bélica, política y psicológica de una superpotencia que está acostumbrada a tener como parámetro principal en su toma de decisiones a la fuerza del miedo. Miedo a la envidia en el corazón de sus vecinos, a los avanzados instrumentos asesinos que ellos pudiesen desarrollar en contra suya, a no estar preparados en caso de que aquello suceda, y a encarar la responsabilidad de sus actos en la supuesta defensa de sus valores. De ahí que el uso de este armamento atómico sea delegado en líderes de quienes se podrán destacar muchas cosas excepto el don de la inteligencia. Así como “La Naranja Mecánica” (1971), piedra de toque en la filmografía de Kubrick y en el cine de los años setenta, advertía respecto al miedo de combatir la violencia callejeras con soluciones realistas, “Dr. Insólito” constituye una referencia contundente sobre el miedo a considerar la seguridad del mundo antes que la búsqueda por el poder.

Si mañana mismo despertáramos y abriéramos la ventana para encontrarnos con una nube verde en forma de hongo, la reacción de Kubrick desde la tumba estaría dividida: Sonreiría de orgullo y lloraría de pena al percatarse de que tenía la razón.

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