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Los hijos de la revolución: rememorando Rojo Amanecer

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Los hijos de la revolución: rememorando Rojo Amanecer

Los hijos de la revolución: rememorando Rojo Amanecer

“La arcilla fundamental de toda obra revolucionaria es la juventud”

2 de octubre. No se olvida. Inevitablemente este mes nos remite a los vientos de cambio truncados por la tiranía, al pensamiento joven obstaculizado por el totalitarismo.  No sorprende que el cine mexicano haya retratado en insuficientes ocasiones los trágicos movimientos estudiantiles de 1968. Son escasas las películas que abordan esta compleja temática por la evidente censura por parte de los distintos organismos gubernamentales a los largo de los sexenios… digamos que es un asunto que sigue incomodando a algunos. Durante las grabaciones del programa TAP (Taller De Actores Profesionales), el cual tengo el privilegio de conducir, pocas veces he escuchado con tanta emoción a actores y directores que han estado involucrados en cintas como Rojo Amanecer (1990), un documento cinematográfico importantísimo producido a principios de la década de los noventas bajo total clandestinidad. La historia presentaba a una familia de clase media que residía de uno de los tantos departamentos de Tlatelolco. ¿Cuáles fueron los efectos de la represión en un clan usual? Tanto Héctor Bonilla como María Rojo, así como el realizador, Jorge Fons, manifestaron con entusiasmo la experiencia de rodar esta película en lo recóndito, la búsqueda de osados productores (Valentín Trujillo fue uno de ellos) y el ejercicio actoral que representó el recrear la coacción militar en un núcleo familiar.

“Yo sentía que muchos de los cineastas de mi generación querían hacer una película sobre la represión estudiantil del 68, sobre la matanza de la plaza de las Tres Culturas. De repente surgieron novelas, ensayos e incluso una colección de poemas pero no así un trabajo cinematográfico” dice Fons al rememorar el génesis de la cinta que en un principio llevaría por título Bengalas En El Cielo y que cambiaría posteriormente a Rojo Amanecer.

Debido a las condiciones económicas y a las dificultades patentes, resultaba casi imposible recrear la opresión militar en la plaza (tendría que requerirse de tanques, cientos de extras y días de filmación irrealizables), por lo que los guionistas Xavier Robles y Guadalupe Ortega optaron por presentar los disturbios estudiantiles únicamente a través del sonido, teniendo como inspiración a Alien, El Octavo Pasajero de Ridley Scott, cinta de género en donde la presencia del alienígena se establece, mas nunca se ve de forma completa.

Tanto Robles como Ortega tuvieron como sugerencias textos como La Noche De Tlatelolco de Elena Poniatowska y Los Días y Los Años de Luis González de Alba, sin embargo era el núcleo familiar la columna vertebral de su relato. El reparto prácticamente se circunscribía a los miembros de la familia.

“Xavier Robles me había hecho llegar el libreto años antes. Había quedado fascinado con lo que leí por lo que traté inmediatamente de levantar la película pero los productores no le entraban a la idea. Había un temor latente hacía la temática, un miedo fundamentado en la idea de que el gobierno no iba a permitir que se hiciera la cinta. Si lo puedes creer, la censura en aquél tiempo era todavía más grave que hoy en día”, confiesa el director sobre los intentos frustrados de poder contar este relato en el cine.

Pese a las constantes advertencias de funcionarios públicos y colegas, tanto Fons como Héctor Bonilla perseveraron con la idea de convertir el proyecto en una realidad.

Poco sabían los realizadores que el principal impedimento sería la autorización de RTC para que la cinta pudiera llegar a cines. Una vez terminada la película y aclamada por los pocos quienes habrían tenido la oportunidad de verla, el título Rojo Amanecer se encontraba bajo el escrutinio de las autoridades.

“Cuenta la leyenda urbana que hubo una proyección en Los Pinos a la que asistieron Salinas De Gortari, Héctor Aguilar Camín y Gabriel García Márquez, entre otros invitados. Finalmente acordaron que si retirábamos de la película algunas referencias al ejército, la cinta podría proyectarse en cines de forma comercial”, expone Fons.

Finalmente Rojo Amanecer expuso de forma oficial los trágicos acontecimientos de 1968 en el cine. Una aventura que terminó por reconocer la represión estudiantil en la pantalla grande en un documento por demás admirable.

A penas en enero de este año, Fons fue objeto de un merecido homenaje en la primera edición del Festival de Cine de San Cristóbal de Las Casas, evento que incluyó una proyección en pantalla grande de Rojo Amanecer. Fue verdaderamente emocionante el ver como las nuevas generaciones reconocían el trabajo del realizador y su audaz equipo de actores y creativos en una historia que nos sigue y seguirá inquietando por mucho tiempo.

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